Inés Encuentra en el cine un escape, una oportunidad imperdible para huir de su realidad y vivir aventuras fantásticas y es que su trabajo como dependiente en la zapatería de una tienda departamental no le da mucho campo de acción a su enorme imaginación.
La enorme frustración que siente al tener ese trabajo, sin muchas esperanzas de conseguir otro, el disgusto de subir a la bodega y conseguir varias cajas de diferentes modelos para los clientes melindrosos que al final no compran nada, le devasta, la envidia de los compañeros de trabajo que le ganan al cliente con tal de tener las ansiadas comisiones de venta, la ponen de malas, aunque al final del día se consuela diciéndose para sí “gajes del oficio”.
Pero el fin de semana, ah el fin de semana es otra cosa, mira con ansia su reloj, ese reloj fayuquero y algo cansado por el uso, pero perfectamente sincronizado con el reloj checador del trabajo y es que el sábado sale temprano, para su suerte su día laboral termina a las 2 de la tarde, dando las 2 en punto corre a la bodega, se alista para salir rápidamente y esboza una sonrisa, de esas pocas que se le ven cuando es entre semana.
Dentro de ella, en el transcurso del camino hace propias la aventuras de sus películas favoritas, 90 minutos bastan para que se olvide del mundo exterior, a veces es más otras veces menos tiempo, permanece absorta, inmóvil, mirando casi sin parpadear frente a la enorme pantalla, para no perder detalle.
La cosa es que para Inés el cine es terapéutico, entra a una especie de sauna donde suda sus penas y se exfolia de sus pecados, convirtiendo en ese momento la película en su realidad y al mundo exterior como una mala película, de esas que ni viéndola a ojos de buen cubero le das una segunda oportunidad, de esas películas crudas que solo te dejan un mal sabor de boca.
Al salir regresa a su casa, sola, sin nadie que la espere, nadie especial a quien contar sus nuevas aventuras y aunque todo parece no valer la pena, Inés vuelve a sonreír, con la enorme esperanza del siguiente fin de semana, de volver a sentir esa satisfacción que le da cuando apagan la luz y ella se vuelve la protagonista de su película, la estrella del momento, la más bella del lugar.
* Texto inspirado en la canción Inés, del disco “Como La Flor Prometida” de Luz Casal, un disco básico en nuestro acervo discográfico personal.








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