Un día de mayo de 2005 José Antonio llegó con un cachorrito en los brazos:
J.A.: Mira que he traído, es un cachorro de Husky Siberiano, es para ti espero que te guste.
León: No mames, esta chidísimo, gracias.
Un día de diciembre de 2006 parto de casa:
La China: Óyeme, tu muy tranquilo te largas y ¿tu perro?
León: No te apures jefita, ya le tengo un plan.
Conciencia: ¿No mames a tu departamento?, Balto creció como un elefante, ni madres que cabe, además en el contrato dice que nada de perros, putsssssssss.
Un día de julio de 2007, por la mañana:
León: Ahora si Balto, juimonos pa´casa del Toño.
J.A.: No hay pedo carnal, la casa acá es grande y mis hijos les anda por un perro, acá te lo cuidamos.
Y pues así que el gusto me duró solo dos años, no pude tenerlo más, aún me acuerdo de cuando era cachorro y lo podía cargar fácilmente, fue creciendo poco a poco y se volvió un mastodonte, me acuerdo cuando salíamos a jugar y a pasear a la calle. Cuando se enfermaba las carreras al veterinario, las bañadas que eran una odisea.
Ahora ando viendo rentar una casa un poco grande, que sea sola y donde dejen y quepa el perro, lo voy a ver cada vez que puedo, el Balto se está encariñando mucho con mis sobrinos y ellos con él, la neta me da tirria decirles que me lo voy a llevar estoy en una encrucijada, finalmente no se qué hacer, lo extraño mucho, me caga llegar a la casa y no oír ladridos ni del perro que me reciba bien contentote.









Los que comentan