¿Mucho helado?, si nunca me ha gustado tanto, pensó para sí, de pronto su vida empezó a tomar diferente sentido, se volvió más objetiva, un poco más realista, tampoco perdió todas sus virtudes, seguía en el fondo siendo la misma niña soñadora, el miedo a lo desconocido no la dejaba dormir, sin embargo el doctor le dijo que cambiaría su forma de respirar, no se resfriaría más, ya no tendría la horrible sinusitis que la aquejaba desde pequeña, dormiría mejor y el peculiar tono de voz que le daban el gran tamaño de sus amígdalas cambiaría para bien.

Llego el día, ¿nerviosa?, ¿todo bien?, le dijo su madre, si, contestó, nunca fue de muchas palabras, más bien de acciones, directa, a ratos con tintes de líder, a ratos con tintes de cero a la izquierda, le asignaron un cuarto, encendió la tv, sin darse cuenta en que canal estaba, procuro cambiarse rápido y se recostó viendo al techo, sin mencionar palabra alguna, la intervinieron, la dieron de alta ese mismo día, fue una operación menor.

Ese día solo durmió, hasta muy tarde, llego La China y dijo: Despierta Diana, debes comer algo, traje flan napolitano, oye ya despierta a la niña ¿no ves lo que le pasó a Raulito hijo de tu Tía Teresa?, lo operaron de las amígdalas y luego ya no quería hablar, Diana esbozó una sonrisa, que mas que sonrisa parecía mueca, Ay Abuelita, solo dijo y se dispuso a comer. Al paso de los días se recuperó y retomó sus actividades normales.

El ocio de esos días la cambiaron algo, sus manos siguen siendo mágicas, aun la parte trasera de su casa tiene ese extraño olor a oleo y acuarela, aún sus cajones están llenos de curiosidades, la música empezó a formar parte importante de su vida, y eso no es extraño, la música es parte importante en toda la familia, su forma de arreglarse es algo diferente, se ha dado cuenta de nuevas cosas, su plática ya no es la de una niña, ha comenzado a suceder.