Era noche cuando empecé, ya muy noche cuando empecé, tenía tantos pétalos que me costó mucho trabajo empezar, sin mentir la brisa de mar se sentía fría, no había gente en la playa, la cabañita a la orilla del mar fue lo mejor, en qué lugar podría estar mejor sino con el mar.
El cielo empezó a verse rojizo, el ruido de las aves empieza a sonar, no sé qué aves eran, a decir verdad no me importó, terminaba la noche, no podía dormir, no terminaba de deshojar, no podía llorar, solo seguir.
¿Le sigo?, ¿me rajo?, ¿Qué chinga’os hago?, pensé, pero el instinto animal que a todos nos embarga me obligó a seguir, de repente, ya era de día, vienes a lo lejos, te acercas, te sientas, yo termino y me dices: ¿todo bien?, me ofreces un cigarro blanco, como los que por mi causa ahora fumas, solo atino a decir: ¡Sí, ahora sí!







¿Ahora sí te echaste un gallo?
Ahh, eso de tomar desiciones… no, nunca es fácil, y menos cuando uno considera que es algo trascendental que marcará la vida.
Saludos decididos.
El Zórpilo.
Quique, disculparas mi ignorancia, pero ¿que es echarse un gallo?
Zórpilo, tienes toda la razón y es que eso de aventarse al ruedo sin saber que pasará pues da miedo, el temor a equivocarnos nos priva de acciones que pudieran tener un feliz desenlace, hoy por hoy me aviento el volado haber que sale.
Gracias por Comentarrrrr!
Un gallo es un churro de mota.
Quique, jeje alguna idea tenía de eso, pero no, esta vez no, puro rollo mental, algo de coca y nada mas, eso si muchos cigarros blancos, pero pues nada mas.
Ta bueno.