En un día de julio desperté en una cueva donde se dice que habita el diablo, caminé entre las nubes, fácilmente las alcanzaba, me bañe en arroyos dorados de piedras azules, cielos rojos y grises, lagunas llenas de cocodrilos y arboles llenos de golondrinas, las cascadas ya no fueron de agua sino de sal, mis mascotas fueron jaguares, mapaches y una enorme lechuza en mi hombro, todo era diferente, el aire olía a mezcal, divino liquido que borra penas y marca almas.
En un día de julio caminé sobre piedras verdes y rosadas, las calles llenas de azucenas y tepiches, de música de fondo una maravillosa orquesta de cámara, diosas vestidas de oro, terciopelos y huipiles, a lo lejos en la punta de un cerro los representantes de las regiones de mi estado bailan sin descanso, el sol quema más que siempre, nada como un téjate para relajarse.
En un día de julio solo comí hongos, visité mi pasado, entendí mi presente y dilucidé mi futuro, los conflictos no estuvieron más, la gente brotaba a chorros de no sé donde, los problemas terminaron, todo era abundancia, cultura y belleza, todo era fiesta, no hubo preocupación, mis pies ya no pisaron el suelo, no, no me fume nada, no, no me lo he soñado, solo me pasó en un día de julio en Oaxaca.













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