Se levantó tarde, eran casi las 9 de la mañana, para su rutina era tardísimo, tres horas más tarde de lo normal, se puso las pantuflas, la toalla en el cuello, caminó lentamente hacia el baño, se sentó en la taza de baño sin destaparla y se quedó pensando, largo rato, mientras se jugaba el cabello y bostezaba sonoramente, abrió la llave del agua caliente, el vapor no tardó en aparecer, en su mente se oían muchas voces que le decían que había desperdiciado su vida, que no había hecho gran cosa con ella, que jamás recuperaría el tiempo perdido y que se sentía muy solo.
Repentinamente cerró la llave de la regadera, ya no se bañó, lentamente y con la mirada perdida se enfundo en la ropa del día anterior, se peinó como si no fuera a salir, con mucha pesadumbre salió rumbo al trabajo, de camino se dio cuenta que había olvidado el celular, se autopendejeo mientras en el radio sonaba “Moonlight Serenade”.
En la oficina rápidamente entró a su privado sin saludar a nadie, aseguró su puerta y se recargó sobre ella, no dejaba de pensar en lo mismo, le daba mil vueltas al asunto, voces, voces y más voces, su extensión telefónica no dejaba de sonar, sintió que el corazón se le hacía chiquito, una presión en el pecho muy extraña, unas incontrolables ganas de orinar, fue como pudo al baño, todos los que le vieron correr, se extrañaron de la actitud que Guillermo tenía ese día.
“Bendito San Lunes”, fue lo único que escuchó en su carrera al baño, ese día estaba frío, muy frío, pero el sentía la cara caliente, y empezó a tararear “Moonlight Serenade” y a reírse como loco, primero casi forzado después a carcajadas, carcajadas que se convirtieron en lagrimas, incontrolables, como ríos, como infinitas, poco a poco se calmó, poco a poco consiguió respirar profundamente, sin dejar de tararear, su cabeza empezó a silenciarse, y procedió a lavarse la cara, ya se sentía mejor.
El desahogo de las lagrimas le había lavado de sus pesares, estaba limpio del alma y conciencia, regresó a su oficina y levantó la bocina telefónica que aún seguía sonando, acarició su barbilla sin afeitar y contestó cordialmente, así como siempre, comenzaba de nuevo otro día de trabajo, así seguía con su vida.







Los que comentan